domingo, 30 de marzo de 2008

Paseando con Antonia


Soy una ciudadana orgullosa de ser caleña, amo a mi Cali bella, no me voy y aquí me quedo, ójala pueda morirme en su suelo, pero, y me duele decirlo, Cali es una ciudad construida para los fuertes, los demás (y somos muchos) tenemos que pasar trabajo en sus calles.
No me había dado cuenta de lo mal diseñada que está mi ciudad y no me habría dado cuenta nunca de no ser por Antonia, porque antes de ser mamá yo pertenecía a ese grupo fuerte, incansable, que tiene los dos pies buenos, sus cinco sentidos bien puestos y la energía necesaria para soportar y disfrutar una caminata por la ciudad.
Ahora, gracias a mi Antoñita, pertenezco a ese vasto grupo de gente que tiene que andar con mucho cuidado.
Todo empezó cuando se nos ocurrió a Andrés y a mí, hacer realidad una de las mayores ilusiones de un par de papás, sacar a pasear al bebé en el coche.
Dispusimos toda una serie de equipos (cobijas, almohadas, juguetes) para que la nena tuviese un paseo cómodo y entretenido, salimos a la calle y poco a poco la marcha se fue haciendo más lenta por temor a caer en el hueco de algún andén, o porque al terminar una acera, embargados por la felicidad de encontrar un rampa, veíamos con horror que al otro lado no había tal, entonces tocaba devolverse unos cuantos metros, o lo que es peor avanzar sobre la carretera, con el peligro de ser arrollados por una bestia, (léase en sentido literal y figurado), en busca de una rampa, para nuestra sorpresa sólo encontrábamos andenes, unos bajos, otros altos y otros que parecen construidos para King-Kong, entonces nos tocaba (qué pena con Antonia) hacerle al coche una inclinación de casi 45 grados, y aunque suene exagerado, a veces ni esas bastan para subir el cochecito a una acera.
Una realidad salta a la vista, no puede salir uno solo a pasear con Antonia en el coche, si vamos con el coche se tiene que salir mínimo de a par, porque no muy pocas veces es necesario levantar totalmente el vehículo para subirlo a un anden.
Eso no es nada, más de una vez hemos aplaudido el que un ingeniero nos incluyera en el diseño de un puente porque este tiene rampa, al terminar de pasarlo no nos quedan sino madrazos porque el muy imbecil lo termina con gradas (el famoso puente peatonal de la Santiago) eso que por ahí va a pasar el MIO, habrá que esperar a ver si tienen repensado ese puentecito, y otros adefesios como el de la quinta con sexta que si tiene rampa pero para subirse a ella hay que hacerlo por un escalón bastante alto, otra maravilla de la mediocridad y la estupidez.
Ante tal vía crucis, una caminata de 20 minutos se dobletea y empieza uno a descartar caminos y termina por bendecir el MIO (Objeto de tantas contradicciones), porque pa’que, pero ahí si nos incluyeron y Antoñita disfruta de sus paseos sin sobresaltos y hasta se echa una siestita, se me ocurre ahora el estribillo de una canción muy famosa, de esas que todo caleño se sabe, si por la quinta vas pasando, es mi Cali bella que vas atravesando... sí, todo sería perfecto si por la calle quinta se llegara a Roma, porque otras avenidas de vital importancia como la Roosvelt, la Novena, (que tiene una aberración vial en el semáforo frente a Palmeto: tiene la cebra para que los peatones pasemos por allí, sin embargo lo que uno se encuentra al final es un sardinel gigante y en prado) incluso la misma quinta de la quince pa’rriba, donde ya no hay MIO, son intransitables con cochecito, hay unos abismos que a uno le da al mismo tiempo una vergüenza ajena y un miedo muy por uno mismo.
Aunque el asunto no es tan solo de la planeación municipal, es algo así como un mal que ronda entre los ingenieros y arquitectos, sino miren los diseños de los centros comerciales: en Palmeto, por ejemplo, para poder pasar del supermercado a la zona de comidas hay que salir del centro comercial y volver a entrar. Señores catedráticos de las universidades, por favor, incluyan una o varias materias sobre diseño pensando en los padres que quieren pasear a su bebé en cochecito.
Sin embargo, lo más terrible no es que la ciudad se este reconstruyendo sobre la base de que lo único que merece ser reparado y repensado es el trayecto del MIO, habrá dos ciudades entonces, la de los que usan el MIO y la de los que no, donde solo bastará un centímetro, óigase bien, uno sólo, para caer del paraíso al infierno, eso en cuestión de tiempo es una milésima de segundo, parecido a los cinturones de miseria que se ubican al lado de las mansiones de los ricos... ¿o será al revés? Bueno lo más tenaz y lo más doloroso es que la parte que sí incluye a los débiles, está siendo mal utilizada por unos $%&&/ que se creen los dueños de la vía, claro son los fuertes, los que tienen carro, yo no sé dónde demonios hicieron el curso de conducción, pero es que las imprudencias que cometen, las vejaciones con las que atentan el tranquilo paseo de Antonia, no son más que la alianza entre la ilógica práctica y la pereza, o el fervor religioso o la paranoia, dónde señores y señoras, les dijeron que las bahías para transeúntes (los policías gigantes que terminan o empiezan una vía de menor importancia) son para que ustedes parqueen el carro, no señores, son para que ustedes disminuyan la velocidad (para obligarlos a hacer el pare que puede salvarles la vida) y para que los transeúntes podamos pasar tranquilos ya que ustedes tienen que detenerse, y sin embargo, ustedes lo usan para parquear porque no quieren caminar media cuadrita más, o porque quieren tener vigilado el carro o porque se levantaron tarde y no van alcanzar a comulgar en la misa, todo hay que decirlo, si no me cree, visite la iglesia de San Fernando, ese patrimonio ciudadano, pero no vaya con un turista, da pena, un domingo a eso de las 11 de la mañana y verá que no sólo un ¿$%$#(¡” se parquea sobre la bahía sino que hasta cuatro lo hacen, claro que de este fanatismo también participa el vigilante, no es con el animo de que se quede sin trabajito, pero hermano, esas bahías no son para parquear y lo más bonito es que tapan el hidrante, o sea que si en medio de la eucaristía se les quema la iglesia, por más que recen, los bomberos no los van salvar, no va a haber de dónde sacar el agua, ah y se me quedaba el de la venta de merengones que como que se hace su agosto ahí mal parqueado. Entonces Andrés y yo tenemos que bajarnos del anden o pasar cerquitica entre los dos carros, muy cuidadosos de no rayarlos o de no dispararles la alarma para no interrumpir sus piadosas oraciones.
El caso de la iglesia no es el único, no podemos parcializar las cosas en contra de dios, hay también una serie de negocitos en la Roosvelt, incluidos Bancos muy importantes y peluquerías de poco pelo, dónde dejar los talleres automotores que utilizan el anden como si fuera garaje privado, y al frente de estas infracciones flagrantes también están los vigilantes (a propósito hay que ver la maestría con la que se pasan esa Roosvelt sin importar la vida, ni la de ellos, ni la de los conductores, hay uno incluso que en muletas se pasa la normatividad por el papayo con una destreza, que si así es con una pierna, cómo será con las dos).
Además hay que mencionar unos ejemplares muy extraños, van a pie pero se toman el andén como si estuvieran en la Nascar y qué decir de los carritos de dulces, helados, frutas y demás que se parquean tan mal, se queda uno sin palabras, no estoy en contra de que se la rebusquen, hoy en día a todos nos toca mirar como completamos el sueldito, no para que sea el sueldote, sino para alcanzar a pagar siquiera los servicios públicos (hola cómo están de caros, será que esa plática está financiando el MIO), pero por dios, no por el que rezan en San Fernando, sino por el del urbanismo, tan perdido como el de la caballerosidad... ah¡ esa es otra historia, muy pertinente a nuestro temita, así que ahora se las cuento... bueno por el que sea, hagan sus carritos en un lugar donde no violen ninguna norma de tránsito y de humanidad, porque si quiera Toñita tiene a sus papás que la suben y la bajan, pero que será de un discapacitado en silla de ruedas...
Ah la historia...esa es un buen remate para está crónica llena de todo menos de buenos sentimientos, que me imagino era lo que se esperaban al leer el titulo...una tarde salí con mi mamá (mujer de 60 años) y toñita en el coche y llegamos a la panadería Paola de la Quinta y qué pues un malparqueado en la bahía, al frente haciéndose embolar los zapatos un hombre (suponemos el dueño del vehículo y si no lo era, peca por indiferente) y además la parte que el carro dejaba libre estaba tapada por una canasta de basura de la panadería (espero que los dueños de la panadería no le apliquen al pan y a sus estrategias de venta, el mismo sentido común que aplican para ubicar sus cestas de basura, porque quiebran) pues Antonia no podía pasar, tocó bajar unos metros más en plena carretera y hijuemadre, el anden de la panadería era uno de esos de King Kong que no admiten inclinación de 45 grados y mami qué pena tocó alzar el coche, bien, todos se dieron cuenta y qué pasó, nada. Bueno seguimos nuestro camino ante la mirada indolente de los comensales infractores. De regreso, una hora más tarde, esperábamos que aunque hubiera sido por vergüenza, por lo menos hubiesen movido el auto, pero no mismo panorama pero con dos complicaciones más, y no es ficción, es la purita verdad, y ahí es dónde yo digo que los caballeros va a haber que llevárselos a una reserva para librarlos de la extinción, al final del anden de la panadería, dónde mi mami y yo tuvimos que cargar el coche, había una moto con su respectivo motociclista subido en ella, ni se inmuto ante nuestra cara de desconcierto, y de algo más diría yo, cuando nos tocó aventar a Toñita a la carretera... ya no hay príncipes azules... y para colmo en el otro lado para subir nuevamente al anden una camioneta mal estacionada del periódico El Tiempo, ah¡ qué belleza...
Señoras y señores, un paseo se convierte en una odisea o mejor aun en la lucha diaria por reivindicar al transeúnte en nuestra ciudad. Ante tantos y tamaños sinsabores no puedo quedarme callada y primero apelaré al buen sentido común, a la posibilidad que tenemos todos los seres humanos de reconocer que hemos fallado y de que tal ves sin pensarlo hemos violado algun derecho por mínimo que sea, como el de Antoñita a pasear feliz y sin sobresaltos por la ciudad (que espero ame tanto como sus padres), de manera que he optado por salir con una libreta y un lapicero, para dejar notas muy corteses, los que me conocen saben que allí no hay ironía, y además firmadas, para que caigan en cuenta del error cometido, me imagino que más de uno se reirá de mi notita y hasta la botará haciendo más basura en mí ciudad y para esas personas también tengo un mensaje, lo de las notitas es mientras me canso, luego voy a salir con la cámara digital y a tomar fotos de sus carros cometiendo la infracción y la voy a mandar a la página WEB del tránsito, pero si eso no basta, porque hay gente, y es mucha, testaruda, voy a pararme allí donde se comete el atropello (tengo mucho tiempo libre) y a llamar de una al tránsito para que vengan con la grúa...estoy segura que ello me proporcionará un placer inexplicable... espero no tener que llegar a ello (pienso en los bolsillos de los infractores), pero si lo tengo que hacer ni modo, porque si bien es cierto que gracias a Toñita ahora pertenezco al grupo de los débiles, también lo es que por ella, soy capaz de enfrentarme a toda una ciudad indolente e indiferente ante el transeúnte.


Ruth Rivas Franco.